Fundada en 2750 aC en dos islotes rocosos, Tiro ya era una potencia marítima antes de que existiera Roma. Sus artesanos construyeron el Templo de Salomón. Su púrpura vestía a los emperadores. Y cuando Alejandro Magno no pudo conquistarla por mar, construyó un dique de 800 metros para llegar a ella, transformando para siempre la isla en una península.
Hoy en día, sus pescadores siguen echando sus redes en el mismo lugar que sus antepasados fenicios, hace 5.000 años. Algunas ciudades no mueren. Se adaptan.
📍 Tiro, Líbano meridional — Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1984.
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