23 octobre 2026
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¿Las Fuerzas Libanesas se están preparando para romper con Nawaf Salam? Detrás de las escenas de una crisis que va más allá de los explosivos

¿Las Fuerzas Libanesas están planeando una ruptura con Nawaf Salam? Tras la retirada de sus ministros sobre la cuestión de los explosivos, se acumulan tensiones gubernamentales. Los desacuerdos sobre las armas de Hezbollah, la crisis eléctrica y la asunción de elecciones tempranas revelan una brecha política que ahora supera ampliamente el único caso judicial.

Les Forces libanaises préparent-elles leur rupture avec Nawaf Salam ? Les coulisses d’une crise qui dépasse les explosifs
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La retirada de los ministros revela una brecha política más profunda

La retirada de los Ministros de las Fuerzas Libanesas del Consejo de Ministros el 22 de octubre de 2026 constituye un nuevo paso en el deterioro de sus relaciones con el Gobierno de Nawaf Salam. Oficialmente, la protesta se refiere al aplazamiento de la remisión del expediente explosivo Dahr al-Baydar al Consejo de Justicia. Sin embargo, este episodio forma parte de una serie de desacuerdos que ahora afectan varios aspectos de la acción gubernamental. La política energética, las armas de Hezbollah, los mecanismos de toma de decisiones y las perspectivas electorales alimentan un enfrentamiento cada vez más visible. La cuestión va más allá del destino de un cargamento de explosivos. Se refiere a la posición que las Fuerzas Libanesas tienen la intención de ocupar en una coalición de gobiernos cuyas direcciones impugnan, al tiempo que siguen participando en su labor.

La crisis tuvo una dimensión particular cuando los ministros del partido abandonaron la reunión, mientras que sus colegas cercanos a Hezbollah permanecieron alrededor de la mesa. Esta inversión ilustra los efectos del compromiso negociado antes de la reunión. Las consultas entre Joseph Aoun, Nabih Berri y Nawaf Salam han retrasado la decisión judicial para evitar la confrontación con Hezbollah. Sin embargo, las Fuerzas Libanesas consideraron esta solución para debilitar el alcance de los compromisos gubernamentales respecto del monopolio de armas. Por consiguiente, su retirada tiene por objeto marcar tanto una oposición judicial como política. No constituye, sin embargo, una renuncia del gobierno, una distinción esencial para entender la estrategia del partido.

Esta actitud plantea una cuestión más amplia. ¿Están las Fuerzas Libanesas buscando cambios en la política gubernamental, o se están preparando gradualmente para su paso a la oposición? La información política disponible describe una relación cada vez más difícil con Nawaf Salam. También se refieren a los debates sobre las elecciones parlamentarias tempranas, que podrían cambiar los equilibrios parlamentarios y gubernamentales. Sin embargo, no hay pruebas verificadas de que la decisión final de salir del gobierno fue tomada por los dirigentes del partido.

De la electricidad a los explosivos: una sucesión de desacuerdos

Las tensiones no surgieron con el caso Dahr al-Baydar. Ya se habían manifestado en torno a la operación del sector eléctrico y la acción del ministro de energía Joe Saddi, miembro de las Fuerzas Libanesas. Su retirada temporal de ciertas actividades gubernamentales, presentada en información política como forma de protesta, ha revelado las dificultades encontradas en la realización de reformas energéticas. El Ministro cuestionó los obstáculos a la aplicación de ciertas directrices. Esta situación alimentó la crítica de las respectivas responsabilidades del gobierno, las administraciones y los políticos en la persistencia de la crisis eléctrica.

La cuestión de la energía es una esfera particularmente sensible. Las dificultades de suministro, los costos de producción y las demoras en las reformas afectan directamente a los hogares y las empresas. También son un reto importante para las finanzas públicas. Las Fuerzas Libanesas tratan de defender su historial ministerial, denunciando obstáculos que impiden que ciertas decisiones tengan éxito. Esta posición tiene una dificultad política obvia: el partido participa en un gobierno cuyo funcionamiento critica públicamente. Por lo tanto, debe convencer que sus ministros tienen una voluntad reformista, pero que los resultados siguen siendo limitados por decisiones o bloqueos más allá de su control.

El caso de los explosivos acentuó esta contradicción. A diferencia del sector de la electricidad, donde las responsabilidades administrativas y financieras pueden dividirse entre varios órganos, la solicitud de remisión al Consejo de Justicia exige una decisión del Consejo de Ministros. Las Fuerzas Libanesas estiman que el Gobierno tiene los elementos necesarios para actuar. The refusal to return immediately was interpreted as a further manifestation of the limits of government action against Hezbollah. Por lo tanto, la confrontación ya no se limita al lento ritmo de la reforma, sino más bien a la capacidad del Estado de hacer cumplir sus decisiones en una esfera de seguridad nacional.

Esta sucesión de episodios explica por qué algunos observadores políticos consideran que las Fuerzas Libanesas están en una crisis de posicionamiento. Su participación en el gobierno les permite influir en las decisiones y defender sus prioridades. También los expone a la crítica de los resultados ejecutivos. Su paso hacia la oposición les daría más libertad política, pero reduciría su influencia directa en las políticas públicas. Este dilema es ahora central en su relación con Nawaf Salam.

Samir Geagea enfrenta el problema de la participación gubernamental

La estrategia de las Fuerzas Libanesas depende en gran medida de las decisiones de su presidente, Samir Geagea. El partido ha defendido desde hace mucho tiempo una línea política hostil al mantenimiento de las armas de Hezbollah fuera de las instituciones estatales. Su participación en el Gobierno de Nawaf Salam se basó, entre otras cosas, en la posibilidad de avanzar en esa dirección dentro del marco institucional. Por consiguiente, las decisiones gubernamentales sobre el monopolio de los armamentos son un elemento importante de su justificación política. Sin embargo, el caso Dahr al-Baydar mostró las dificultades encontradas para traducir estos principios en decisiones judiciales concretas.

Para las Fuerzas Libanesas, el reconocimiento del MP Hassan Fadllallah de la pertenencia a explosivos de Hizbullah reforzó la necesidad de intervención gubernamental. La parte examinó esta declaración para identificar a la organización interesada y justificar la remisión al Consejo de Justicia. Los partidarios del aplazamiento defendieron otra interpretación, basada en la necesidad de completar las investigaciones y aclarar las responsabilidades individuales. Esta divergencia ha colocado a los ministros de las Fuerzas Libanesas en la elección inmediata de aceptar compromisos o expresar desacuerdos. Eligieron la segunda opción.

Su retirada mostró a su electorado que se negaron a aprobar la decisión. También contribuyó a diferenciar su posición de la de otros componentes gubernamentales. Sin embargo, ello no impidió que el Consejo de Ministros continuara su labor. Tampoco dio lugar a la salida del Ministro de Justicia, Adel Nassar, pero a raíz de la solicitud de expulsión. Este último permaneció en la reunión, ahora la posibilidad de volver más tarde al expediente. Esta diferencia de comportamiento señaló que los partidarios de una remisión al Consejo de Justicia no compartían necesariamente la misma estrategia política.

Los dirigentes de las Fuerzas Libanesas deben medir ahora las consecuencias de esta distinción. Una protesta ad hoc puede aumentar la visibilidad del partido sin comprometer su participación en el poder. La repetición de retiros, por otra parte, podría debilitar su credibilidad gubernamental y aumentar las preguntas sobre sus intenciones. También podría llevar a Nawaf Salam a buscar compromisos sin depender del apoyo sistemático de los ministros del partido.

Nawaf Salam se niega a convertir el compromiso en retiro político

El Primer Ministro adoptó una posición particularmente firme durante la reunión del 22 de octubre. Su intervención sobre el monopolio de armas recordó que sólo las instituciones públicas tienen la legitimidad de llevar armas y decidir sobre la guerra o la paz. En particular, Nawaf Salam citó el Acuerdo de Taif, la resolución 1701 del Consejo de Seguridad y los compromisos contraídos en relación con la cesación de las hostilidades en noviembre de 2024. También subrayó que el transporte y el almacenamiento de armas fuera de las estructuras autorizadas podían constituir una amenaza para la seguridad pública. Esas declaraciones confirmaron que el Primer Ministro no había renunciado a los principios consagrados por las Fuerzas Libanesas en materia de soberanía de los Estados.

Más bien, el desacuerdo era sobre metodología y calendario. Nawaf Salam aceptó el aplazamiento de la decisión judicial para preservar la estabilidad del gobierno. Las Fuerzas Libanesas consideraron que esta precaución podría privar a las declaraciones oficiales de su alcance práctico. La diferencia es importante. Muestra que dos actores pueden compartir algunos principios institucionales al oponerse a cómo aplicarlos. El Primer Ministro es partidario de que se adopte una decisión de continuar las investigaciones sin causar una crisis inmediata. Los ministros del partido pidieron una rápida respuesta judicial, incluso a costa del enfrentamiento político.

La reacción de Nawaf Salam al retiro de ministros reveló el alcance de su irritación. La información política le atribuyó una crítica particularmente grave de su comportamiento, asimilada a una forma de overbidding. Esta reacción demuestra que el Primer Ministro no ve necesariamente las protestas de sus asociados como un medio aceptable para influir en las decisiones colectivas. También podría anunciar relaciones más difíciles en las futuras reuniones gubernamentales, en particular sobre cuestiones en las que los intereses de las distintas formaciones diverjan.

El desafío para Nawaf Salam es preservar una gran mayoría del Gobierno lo suficientemente amplia como para continuar las reformas. Una ruptura con las Fuerzas Libanesas complicaría esta tarea, sin que necesariamente el gobierno caiga automáticamente. Por el contrario, una multiplicación de compromisos impugnados podría debilitar su autoridad política. Por consiguiente, el Primer Ministro debe mantener un equilibrio entre las exigencias de sus asociados y la necesidad de preservar el funcionamiento de las instituciones.

La hipótesis de las elecciones anticipadas es parte de los cálculos

Las tensiones gubernamentales van acompañadas de debates sobre la posibilidad de celebrar elecciones parlamentarias tempranas. Esta hipótesis figura en los análisis políticos sobre la evolución de las relaciones entre las Fuerzas Libanesas y el Gobierno. Se basaría en una reducción de la duración del mandato parlamentario, que conduciría a una renovación de la Cámara antes de su expiración normal. Sin embargo, ese enfoque exigiría una decisión legislativa y un apoyo parlamentario suficiente. Por lo tanto, no puede resultar de la única voluntad de una parte.

El interés político de esta opción está vinculado a las consecuencias constitucionales de la renovación del Parlamento. La apertura de una nueva legislatura implica la renuncia del gobierno de acuerdo con las normas aplicables. Así pues, las primeras elecciones podrían cambiar los equilibrios parlamentarios y allanar el camino para la formación de un nuevo ejecutivo. Para las Fuerzas Libanesas, esto podría ser una alternativa a la renuncia ministerial inmediata, cuyos efectos serían más limitados.

Sin embargo, quedan varios obstáculos. La primera se refiere a la necesidad de una mayoría parlamentaria a favor de reducir el mandato. La segunda es la incertidumbre electoral. No hay garantía de que las nuevas elecciones produzcan una mayoría más favorable para las Fuerzas Libanesas. El tercer obstáculo está vinculado al contexto regional. Las tensiones militares y las dificultades económicas pueden hacer que la votación temprana sea particularmente compleja.

La información disponible no conduce a la conclusión de que esta opción goza actualmente de suficiente apoyo parlamentario. Parece más como hipótesis de presión política que como decisión adoptada. Su simple evocación, sin embargo, ayuda a demostrar que los desacuerdos gubernamentales están empezando a formar parte de una reflexión más amplia sobre el equilibrio del poder.

Por qué la renuncia inmediata sigue siendo improbable

Una salida inmediata del gobierno tendría varias desventajas para las Fuerzas Libanesas. El partido perdería primero su capacidad de intervenir directamente en las decisiones ministeriales. Sus funcionarios ya no pueden defender sus proyectos dentro del ejecutivo. Esta pérdida sería particularmente importante en las esferas en que tienen responsabilidades gubernamentales, incluida la energía. También podría permitir que sus oponentes los culparan por la interrupción o la desaceleración de las reformas.

Una renuncia no necesariamente haría caer al gobierno. Las consecuencias dependerán de la composición del ejecutivo y de las normas constitucionales que rigen su renuncia. La salida de un grupo de ministros no conduce automáticamente al final del mandato del gobierno. Por lo tanto, las Fuerzas Libanesas podrían terminar en oposición sin ningún cambio institucional importante. Esta perspectiva explica por qué algunos observadores prefieren la hipótesis de continua presión desde dentro del gobierno.

El partido también tiene otros medios de acción. Sus ministros pueden impugnar ciertas decisiones, solicitar nuevos debates o rechazar compromisos que consideren contrarios a sus compromisos. Los parlamentarios pueden intervenir en el Parlamento, en particular en debates sobre reformas y políticas públicas. Por último, la administración puede utilizar sus posiciones para movilizar a su electorado y aumentar la visibilidad de sus demandas.

Sin embargo, existe el riesgo de desgaste. Si las protestas se multiplican sin producir resultados, pueden dar la impresión de que la participación del gobierno se vuelve esencialmente conflictiva. A continuación, las Fuerzas Libanesas se verían obligadas a especificar sus objetivos. ¿Quieren ver cambios concretos en la conducta del gobierno, o quieren prepararse para una ruptura política más profunda?

El factor saudita y los equilibrios regionales

Los cálculos políticos libaneses no pueden separarse del contexto regional. Los informes atribuidos a fuentes políticas incluyen el compromiso de Arabia Saudita de mantener a Nawaf Salam como jefe de gobierno. Esta orientación, si se confirma, sería un factor adicional que limitaría las perspectivas de una crisis gubernamental importante. No significa, sin embargo, que Riyadh intervenga directamente en las decisiones de las Fuerzas Libanesas o que tendría poder de decisión sobre su participación en el poder ejecutivo.

El contexto regional también refuerza los argumentos de los responsables de la estabilidad institucional. Las tensiones entre los Estados Unidos, Israel e Irán exponen al Líbano a importantes riesgos de seguridad. Las negociaciones militares de Tampa no resolvieron desacuerdos sobre el control de las actividades militares en el Sur. Las operaciones israelíes continúan en varias zonas fronterizas. En esas circunstancias, una prolongada crisis gubernamental podría complicar la coordinación entre las instituciones libanesas y sus asociados internacionales.

Para las Fuerzas Libanesas, esta situación presenta una contradicción adicional. La Parte considera que los riesgos regionales refuerzan la necesidad de colocar armas bajo la autoridad exclusiva del Estado. Los partidarios del compromiso creen que estos mismos riesgos requieren evitar el enfrentamiento interno. Por consiguiente, las dos posiciones se basan en una evaluación diferente de los medios para proteger la estabilidad nacional.

Un posible descanso, pero sin decisión final

Al 23 de octubre de 2026, la información disponible muestra que las relaciones entre las fuerzas libanesas y Nawaf Salam se han deteriorado. Los desacuerdos sobre la electricidad, la retirada de los ministros durante el debate sobre los explosivos y la mención de las elecciones anticipadas son señales de creciente tensión. Sin embargo, no son suficientes para establecer la existencia de una decisión final para abandonar el gobierno.

La estrategia del partido parece basarse, por el momento, en una combinación de participación institucional y desafío político. Esta fórmula le permite mantener sus responsabilidades ministeriales al tiempo que afirma su oposición a compromisos que considera incompatibles con sus prioridades. También ofrece espacio para maniobrar a Samir Geagea en espera de la evolución de las cuestiones de seguridad y los equilibrios parlamentarios.

La próxima prueba se centrará en la forma en que el gobierno tratará con una posible nueva solicitud de remisión de explosivos al Consejo de Justicia. Una decisión favorable podría aliviar las tensiones. Un nuevo aplazamiento podría, por el contrario, reforzar las críticas de las Fuerzas Libanesas. Las discusiones sobre electricidad y otras reformas también proporcionarán orientación sobre la capacidad del partido para continuar su acción gubernamental.

Por consiguiente, la crisis del 22 de octubre no causó una ruptura entre las Fuerzas Libanesas y Nawaf Salam. Sin embargo, hizo sus diferencias más visibles y complicadas sus relaciones. El partido permanece en el gobierno, pero su actitud demuestra que ahora tiene la intención de desafiar públicamente ciertas decisiones. La evolución de esta estrategia dependerá de los resultados logrados, las relaciones de poder parlamentario y los riesgos regionales que el Líbano sigue enfrentando.

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